Los anticuerpos del COVID-19 no tendrían inmunidad a largo plazo

Un estudio en una universidad china revela que los anticuerpos de los pacientes curados durarían entre dos o tres meses después del final de la infección.

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Varias investigaciones realizadas por científicos chinos y estadounidenses han descubierto que los anticuerpos que se generan para luchar contra el coronavirus podrían durar solamente entre dos y tres meses, lo que implicaría que la inmunidad no tendría efectos a largo plazo. El estudio revela que la mayoría de los contagiados generan inmunidad contra la enfermedad, pero esta desaparece a medida que el cuerpo va recuperándose de la infección.

La Universidad de Medicina de Chongqing, en China, ha analizado el nivel de anticuerpos de un grupo de contagiados, y ha comprobado que su nivel disminuyó significativamente 8 semanas después del alta. La reducción es especialmente significativamente en el caso del IgG, el anticuerpo más habitual en el cuerpo humano y el que más dura para luchar contra el virus, que se reduce drásticamente cuando pasa este tiempo.

“Los resultados de este estudio no son sorprendentes”, afirmó Eleanor Riley, profesora de inmunología de la Universidad de Edimburgo. Antes de esta investigación, la OMS publicó el 24 de abril un informe en el que advertía de que no había ninguna evidencia que pudiera probar que los anticuerpos producidos por una infección por coronavirus pudieran proteger de un segundo brote a un paciente que ya hubiese superado la enfermedad.

Contratiempo en la búsqueda de la vacuna

El resultado de este estudio supone un importante contratiempo en la lucha por encontrar una vacuna efectiva contra el coronavirus lo antes posible. El hecho de que la inmunidad sea tan corta y de que los anticuerpos no ofrezcan protección a largo plazo podría obligar a que la vacuna sea más fuerte que el virus, lo que causaría dificultades y retrasos en su desarrollo.

Mientras tanto, la búsqueda del remedio sigue su curso. En Israel, un centro de investigación ha probado con éxito una posible vacuna contra el coronavirus en roedores. Es el primer paso antes de comenzar las pruebas con otros animales, y finalmente, con humanos. La vacuna israelí podría estar disponible en menos de un año.