En una investigación que publica la revista ‘PLOS Biology’, investigadores del Colegio de Medicina Albert Einstein (EE. UU.) revelan que la respuesta a por qué el ejercicio de intensidad disminuye el apetito está en nuestra cabeza, específicamente en el núcleo arqueado.

El autor principal Young-Hwan Jo, profesor asociado de Medicina y Farmacología Molecular, corre en una pista cerca de su casa tres veces por semana, de 30 a 45 minutos. Como otros deportistas notó dos cosas sobre los entrenamientos intensos: elevaron la temperatura de su cuerpo y redujeron su apetito varias horas.

Jo se centró en las neuronas proopiomelanocortinas supresoras del apetito (POMC, por sus siglas en inglés). Algunas de esas neuronas no están protegidas por la barrera hematoencefálica, por lo que detectan y responden a hormonas y nutrientes en la sangre. “Nuestro estudio da evidencia de que la temperatura corporal puede actuar como señal biológica que regula el comportamiento de la alimentación, al igual que hormonas y nutrientes”, dice Jo, al señalar que sus hallazgos conducirían a nuevos enfoques para suprimir el apetito o ayudar a personas a perder peso.

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