Antibióticos: Cuando menos es más

Los médicos de atención primaria buscan el equilibrio entre tratamientos más cortos, menos efectos secundarios y terapias eficaces. Por - -

La prescripción prudente de antibióticos puede ayudar a frenar el desarrollo de bacterias resistentes a los antibióticos, pero los tratamientos más cortos son cada vez más comunes por otros motivos, como una eficacia similar y menos efectos secundarios, según médicos e investigadores.

Los médicos de atención primaria representan aproximadamente el 80% de la prescripción de antibióticos, según una revisión publicada en eClinicalMedicine, parte de The Lancet Discovery Science. “Al contrario de la creencia popular, prolongar el tratamiento con antibióticos más allá de la resolución de los síntomas no parece prevenir ni reducir la resistencia a los antimicrobianos”, señalaron los autores.

En 2021, el Colegio Estadounidense de Médicos (ACP) emitió guías clínicas actualizadas que abogan por el uso de antibióticos de ciclo corto en cuatro infecciones comunes: neumonía adquirida en la comunidad (NAC), bronquitis aguda con enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), infección de las vías urinarias (IVU) y celulitis. Para cada una de estas, las recomendaciones aconsejan un máximo de 5 días de antibióticos en la mayoría de los casos, prolongándolos únicamente si es necesario.

Las recomendaciones se basan en directrices clínicas publicadas y en la literatura revisada por pares, incluidos ensayos clínicos aleatorizados que han comparado cursos de antibióticos más cortos con otros más largos.

Otras organizaciones médicas también han respaldado y destacado la evidencia a favor de los tratamientos antibióticos más cortos en los últimos años.

En 2024, el Journal of the Pediatric Infectious Diseases Society publicó un estudio que defiende los 5 días como la duración predeterminada del tratamiento para las infecciones respiratorias agudas en niños.

En 2025, la Sociedad de Enfermedades Infecciosas de América (IDSA) emitió una guía para el tratamiento de las infecciones urinarias complicadas que incluyó la reducción del tratamiento típico de 14 días a aproximadamente 7 días.

Además, aunque no constituye una recomendación formal, la Sociedad de Epidemiología de la Salud de América destacó un estudio de 2025 en el cual un tratamiento antibiótico más corto (o la ausencia de este) fue tan eficaz como el curso estándar de 10 días para niños con faringitis estreptocócica.

En general, los médicos han recetado tratamientos antibióticos más prolongados para la neumonía adquirida en la comunidad, la bronquitis aguda con EPOC, las infecciones urinarias y la celulitis, señaló el Dr. William Callahan, médico de familia en Jefferson Health en Abington, Pensilvania. “Sin embargo, los datos muestran que los tratamientos más cortos no son inferiores en eficacia y conllevan un menor riesgo de efectos adversos”, afirmó.

No obstante, las nuevas guías recalcan que la adopción de duraciones más cortas debe ir acompañada de una evaluación de la estabilidad clínica para garantizar un tratamiento adecuado. “Este cambio trata de que los médicos prescriban duraciones más cortas de antibióticos, no de que los pacientes interrumpan la medicación arbitrariamente antes de tiempo”, indicó Callahan.

Las guías reconocen la resistencia a los antibióticos como una amenaza nacional y enfatizan que los tratamientos prolongados en realidad aumentan este riesgo debido a las continuas presiones de selección natural a favor de las cepas bacterianas resistentes, señaló.

Las nuevas directrices reflejan una tendencia general en las enfermedades infecciosas, afirmó el Dr. David J. Cennimo, profesor asociado de medicina y pediatría en la Facultad de Medicina Rutgers de Nueva Jersey, en Newark, Nueva Jersey.

Históricamente, los médicos recetaban cursos prolongados de 10 a 14 días, comentó.

“Estos largos periodos son un ‘exceso’ y uso esa palabra tanto en sentido figurado como literal”, afirmó Cennimo. “Hemos tratado adecuadamente la infección, pero luego hemos eliminado en exceso la flora normal, especialmente la intestinal, afectando negativamente al microbioma intestinal”, enfatizó.

El posible impacto de los antibióticos en el microbioma intestinal está recibiendo mayor atención, aunque faltan datos sobre la relación entre la duración del tratamiento antibiótico y los efectos a largo plazo en el microbioma intestinal, señaló el Dr. Smit K. Shah, profesor asistente de educación en pediatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Kansas, en Kansas City, Kansas.

En la consulta: Por qué menos puede ser más

“Ahora discuto de forma rutinaria con los pacientes los posibles daños de los antibióticos en el microbioma intestinal”, comentó Callahan. Él profundiza en estos riesgos, incluida la infección por patógenos como Clostridoides difficile, y explica que más no siempre es mejor cuando se trata de antibióticos. De hecho, en algunos casos, como la sinusitis temprana, los antibióticos no son apropiados y conllevan mucho más riesgo que beneficio, afirmó Callahan.

Esta estrategia no consiste en retener la atención necesaria, ya que los pacientes deben recibir tratamientos antibióticos cuando corresponda y durante las duraciones recomendadas, enfatizó. En su lugar, “recalco la necesidad de prevenir daños, y veo que la mayoría de los pacientes lo aprecian”, dijo.

Lagunas en la investigación y recursos

Se necesitan estudios para determinar si duraciones de antibióticos aún más cortas que las recomendadas actualmente funcionarían en la población general, señaló Callahan. “En cuanto a las poblaciones de riesgo, como aquellas con mayor riesgo de infecciones graves o recurrentes, necesitamos claridad sobre la idoneidad de duraciones más breves y debemos definir específicamente quién se considera de alto riesgo como para justificar tratamientos más largos”, declaró. “Para las infecciones agudas, seguimos necesitando biomarcadores de cabecera fácilmente accesibles para saber cuándo los antibióticos son verdaderamente necesarios”.

El creciente volumen de datos sobre la importancia del microbioma y la necesidad de preservarlo proporciona un mayor impulso para determinar hasta qué punto los médicos pueden acortar de forma segura los tratamientos antibióticos necesarios, afirmó Cennimo. “Uno de los factores más importantes es asegurarse de que los antibióticos sean necesarios en primer lugar; por ejemplo, no tratar las infecciones virales de las vías respiratorias superiores con antibacterianos”, indicó.

“Otra área de investigación activa es la cantidad de antibióticos intravenosos utilizados frente al cambio a antibióticos enterales”, agregó Shah. De cara al futuro, se necesitan más datos de no inferioridad sobre el impacto de los cursos de antibióticos más cortos en pacientes con afecciones como neumonía complicada, infecciones articulares sépticas, celulitis orbitaria, osteomielitis y meningitis, añadió.

Para obtener datos sobre tratamientos antibióticos más cortos para afecciones más allá de las identificadas en la guía del ACP, el sitio web Shorter is Better, comisariado por el Dr. Brad Spellberg, director médico del Centro Médico General de Los Ángeles, enumera ensayos clínicos que respaldan la reducción de antibióticos para más de 20 afecciones, incluidas bronquiectasias, osteomielitis y meningitis bacteriana.

Callahan, Shah, Cennimo y Spellberg declararon no tener ningún conflicto de intereses financiero.

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