Casos que no veíamos en la consulta
«El consultorio de medicina general se ha convertido en el primer punto de contacto de los efectos de la crisis ambiental sobre la salud», comentó a Medscape en español el Dr. Horacio Riojas Rodríguez, director del área de Salud Ambiental del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) e integrante del Seminario de Estudios sobre la Globalidad (SEG), Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en la Ciudad de México. «Hemos encontrado que la incidencia de eventos cardiovasculares aumenta cuando crece la contaminación atmosférica, pero no solo son presentaciones agudas; de hecho, la mala calidad del aire exacerba también padecimientos crónicos. Así, el número de enfermedades que los médicos están viendo tanto en urgencias como en el consultorio clínico cada vez se relacionan más con exposiciones ambientales».
«Esto debe saberlo el médico general para lograr una mejor atención», puntualizó el especialista. Enfermedades que antes se entendían con cierta etiología hoy tienen y debe sospecharse, un trasfondo ambiental: » Asma relacionada con la contaminación atmosférica, cuadros respiratorios por la quema de leña, intoxicaciones por exposición tanto a sustancias químicas como a plaguicidas en trabajadores de café o caña y cuadros agudos de deshidratación asociados al calor son algunos ejemplos».
Los médicos generales, los de primer contacto, «por una parte cada vez atienden más casos con componente ambiental teniendo un papel fundamental en la atención a estos padecimientos, pero también son agentes importantes para promover medidas de prevención, ya que pueden identificar factores de riesgo ambientales puntuales en la comunidad y hacer recomendaciones para que los pacientes y sus familias cambien estas exposiciones».
«Claro que para lograrlo los médicos generales requieren herramientas y capacitación», advirtió el Dr. Riojas.
Desde la práctica clínica
El Dr. Riojas comentó que han ido cambiando los enfoques utilizados para estudiar el vínculo que existe entre salud del planeta, ecosistemas, animales y plantas con la salud humana, añadiendo que en México y el mundo se han llevado a cabo muchas investigaciones sobre ello, pero que un componente importante a considerar para la práctica médica es comprender los impactos considerados directos, indirectos y estructurales del cambio climático sobre la salud.
«Básicamente los más claros de identificar son los directos. Por ejemplo, cuando hay olas de calor y se incrementan los golpes de calor especialmente en población vulnerable, surgen las deshidrataciones. También hay impactos indirectos sobre la salud, como incremento de enfermedades como el dengue, ya que por el cambio en el clima el mosquito que lo transmite ha podido establecerse en sitios donde antes no se hallaba y ha pasado lo mismo con otros animales cuya distribución se ha expandido hacia zonas donde antes no estaban». Además, hay impactos estructurales, como la alteración y amenaza a los sistemas alimentarios y disponibilidad de nutrientes por las sequías o la disrupción al mismo sistema de salud por eventos catastróficos.
«Esta crisis ambiental está redefiniendo la forma en que enfermamos, por lo que para el médico general, que muchas veces es el primero y único contacto con el paciente y su familia, con la comunidad, implica una tarea urgente ampliar la mirada clínica, por lo que en hospitales, clínicas rurales y consultorios deben considerarse los factores ambientales en la historia clínica tanto en la atención como en la prevención de enfermedades», concluyó el Dr. Riojas.
Prepararnos para lo que viene
Al respecto, el Dr. Alfredo Camhaji, integrante del Seminario de Estudios sobre la Globalidad (SEG) de la Facultad de Medicina de la UNAM, explicó que «el Seminario de Ambiente y Salud (un grupo de trabajo del Seminario de Estudios sobre la Globalidad) surge ante la necesidad de visibilizar y abordar de forma integral la profunda conexión entre crisis ambiental derivada del cambio climático, pérdida de la biodiversidad, contaminación ambiental y salud humana, educando sobre la urgencia de actuar ante ello, considerando las múltiples dimensiones biológicas, sociales, económicas, emocionales, demográficas y ambientales que lo configuran».
«La degradación ambiental causa graves enfermedades, mientras que la protección de los ecosistemas es clave para prevenir pandemias, para asegurar una vida digna. La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que la contaminación de aire, agua, suelo y cambio climático son factores de riesgo que provocan ictus, cardiopatías, cáncer y enfermedades respiratorias, por lo que la Facultad de Medicina, a través del Seminario de Estudios sobre la Globalidad, busca generar conocimiento crítico que ayude a identificar prioridades y áreas que requieren acción», agregó.
El Dr. Riojas continuó: «También hay afecciones subclínicas relacionadas con exposiciones a sustancias químicas que los médicos deben conocer. Por ejemplo, un tema importante en México es la intoxicación por plomo, que lleva a un coeficiente intelectual menor y está presente en casi dos millones de niños y niñas en el país.
Al conocer esta situación el médico tratante puede buscar dichas afecciones explícitamente. Otro ejemplo en salud ambiental se refiere a partos prematuros o disfunciones endocrinas por exposición a aditivos de los plásticos. Médicos generales deben comenzar a hacer estos vínculos conociendo la dinámica de exposición de sus pacientes y las familias en los hogares y comunidades, ya que las presentaciones de estas afecciones no necesariamente son agudas y pueden manifestarse a lo largo del tiempo. Quizá los próximos casos de cáncer infantil o en adolescentes se vinculen con estas exposiciones y el médico general, aunque no verá estos casos clínicos oncológicos, puede influir si construimos buenos programas de atención primaria enfocadas en mitigar el riesgo de los efectos subclínicos».
¿Qué muestran los datos?
Según lo publicado en el último reporte Countdown sobre salud y cambio climático de The Lancet en 2025, el aumento de emisiones de gases efecto invernadero desestabiliza los sistemas planetarios y las condiciones ambientales de las cuales depende la vida humana y del resto de las especies, aumentando la carga de enfermedades, dañando la salud de las personas y cobrando vidas humanas. Este reporte, el noveno de su tipo, encontró que a nivel global las amenazas para la salud derivadas del cambio climático han alcanzado niveles sin precedentes resultando en una inmensa presión para los sistemas de salud, especialmente en el nivel primario de atención. En esta publicación 12 de los 20 indicadores que anualmente el informe monitorea sobre el impacto a la salud asociado al cambio climático establecieron récords preocupantes respecto a los años anteriores.[1]
El reporte, en su edición para Latinoamérica, encontró que en 2024 los grupos etarios más vulnerables, como los de menores de un año y personas mayores de 65 años, estuvieron expuestos a 450 % y 1.000 % más días de olas de calor, respectivamente, que su exposición entre 1981-2000, con efectos en la calidad del sueño y en su salud física y mental. El aumento en mayores de 65 años fue especialmente catastrófico en Venezuela (5.116 %) y Colombia (5.910 %). Por ello, los decesos asociados al calor aumentaron 103 % en la región, resultando en aproximadamente 13.000 fallecimientos anuales.
Todo esto con su correspondiente presión al sistema de salud, provocando a su vez un impacto socioeconómico significativo; las pérdidas laborales a causa del calor en los países latinoamericanos para 2024 se estimaron en 52.000 millones de dólares americanos, 12,6 % más que en 2023, impactando desproporcionalmente a agricultores y constructores y muchas veces provocando desplazamiento y migración.[2]
Por otra parte, la frecuencia e intensidad de los eventos extremos asociados al cambio climático, como días de precipitación extrema, con inundaciones y deslaves, sequías e incendios, afectaron a la mayoría de países de la región. Las condiciones de sequía aumentaron 275 % especialmente en Brasil, Bolivia y México, poniendo en riesgo seguridad alimentaria y acceso a agua potable y saneamiento. La sequía y el clima más caluroso incrementaron el riesgo de incendios forestales registrando para 2024 un aumento en 10 % en la región (9 de 17 países), con el mayor incremento en Chile, México y Bolivia.
A nivel global, 154.000 fallecimientos se asociaron en 2024 a los incendios forestales, además de los 2,5 millones de decesos en 2022 asociados a la contaminación ambiental por quema de combustibles fósiles y 2,3 millones por partículas emitidas de biomasa en hogares. Además, el clima cambiante modifica la ecología y el patrón de exposición de infecciones transmitidas por distintos vectores, como dengue, afecciones para propagación de Vibrio y actividad de garrapata Rhipicephalus, haciendo que las enfermedades que llegan a las consultas de médicos generales cambien sustancialmente respecto a lo que se consideraba habitual.[1]
Un llamado desde la medicina general
El Dr. Camhaji añadió: «Es importante que los médicos consideren el tema del ambiente incluso en su espacio de trabajo, ya que una de las investigaciones del Seminario de Estudios sobre la Globalidad encontró que cuando en los hospitales hay un ambiente con más áreas verdes y mayor amplitud se contribuye de manera significativa a la salud mental de los pacientes, por lo que si el clínico también integra estos temas de salud ambiental es un beneficio tanto para sus pacientes como para él mismo».
«Algo que hemos discutido en el Seminario de Estudios sobre la Globalidad y en otros foros es lo referente a cómo incorporar el tema de la salud ambiental en la formación médica y de otras profesiones de la salud, porque actualmente el estudio de la salud ambiental está prácticamente ausente. Existen cursos abiertos y gratuitos de educación continua para médicos en la OMS sobre salud ambiental y en México hay cursos sobre salud planetaria en la Escuela Nacional de Salud Pública del Instituto Nacional de Salud Pública», destacó el Dr. Riojas.
«Es imprescindible comprender esta nueva situación, puesto que las exposiciones ambientales ya no son excepcionales y los médicos deben saber que estos determinantes están en el origen de muchos casos que llegan a su consulta. Y a diferencia de otros determinantes de salud, estos factores suelen pasar desapercibidos en la historia clínica tradicional, lo que dificulta su identificación y manejo».
«La medicina general exige una formación que permita ampliar su visión sobre causas más complejas, sistémicas de las enfermedades», sugirió el Dr. Riojas, «ya que conforme esta crisis ambiental no se supere, los médicos generales pueden convertirse en una trinchera muy importante tanto para el tratamiento de los eventos clínicos que aumentan en frecuencia como en tener un papel crítico en la educación y participación de la modificación de exposiciones ambientales para la prevención, conociendo qué agua toman sus pacientes, qué tipo de aire respiran, a qué sustancias químicas están expuestos y en qué entorno viven y trabajan».
El Dr. Riojas y el Dr. Camhaji han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.
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