Investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston (BUSM) en Estados Unidos han identificado un agente terapéutico prometedor contra el melanoma que puede dar lugar a nuevas opciones de tratamiento para mejorar y prolongar la vida de los pacientes con cáncer.

Los investigadores han descubierto que un fármaco (YK-4-279) que se creó anteriormente para atacar un tipo específico de proteína tiene un uso mucho más amplio contra una familia de proteínas que actúan para promover el melanoma. Estos hallazgos aparecen en revista Cancer Research.

“Descubrimos que este fármaco inhibió que el melanoma se volviera más agresivo en células humanas y en modelos experimentales. También encontramos una vía específica a través de la cual actúa este fármaco para ser anticancerígeno: inhibir las proteínas que impulsan genes que promueven el crecimiento y la metástasis de las células cancerosas”, ha explicado la autora correspondiente, Deborah Lang, profesora asociada de dermatología en BUSM.

 

Hay varios factores que impulsan activamente la progresión del melanoma, incluido MET, un receptor de tirosina quinasa sobreexpresado en el melanoma e implicado en el crecimiento tumoral, la invasión y la resistencia a los fármacos.

Los investigadores utilizaron células humanas en cultivo para determinar si hubo cambios impactantes en el comportamiento pro-cancerígeno en ellas con o sin el medicamento YK-4-279 y encontraron una reducción significativa en el crecimiento y movimiento de las células cancerosas al usarlo. Además, los modelos experimentales tratados con el fármaco habían retrasado significativamente o ninguna progresión a una enfermedad agresiva.

Según los investigadores, estos hallazgos crean la oportunidad para que YK-4-279 sea una opción para los tratamientos del melanoma, ya sea de forma individual o en combinación con otras terapias disponibles. “Encontramos que esta molécula interrumpe la interacción de dos factores que se sabe que regulan los melanocitos y promueven el melanoma a través de la regulación genética. Este trabajo puede afectar otros sistemas donde estos factores juegan un papel, como en el sistema nervioso y en los trastornos pigmentarios”, concluye.