¿Por qué confundimos intolerancia y alergia alimentaria?

Cada vez es más habitual escuchar hablar de las intolerancias y las alergias alimentarias, dos problemas de salud relacionados con reacciones adversas a los alimentos. Aunque no son iguales, se tiende a confundir ambos, porque pueden compartir algunos signos y síntomas. Pero, en realidad, el tipo de respuesta que desencadenan en el cuerpo es muy diferente.


¿Qué es una reacción adversa alimentaria y qué tipos existen?

Una reacción adversa alimentaria se define como cualquier respuesta clínica anormal que presentan determinadas personas y que se atribuye a la ingestión (o también inhalación o contacto) de un alimento o aditivo.

Dentro de estas reacciones adversas podemos encontrar:

  • Tóxicas: estas reacciones las causan sustancias tóxicas que producen trastornos en cualquier persona. Por ejemplo, alimentos que contienen metales pesados, pesticidas o antibióticos u otras sustancias tóxicas de origen natural.
  • No tóxicas: las sustancias que producen estas reacciones sólo afectan a las personas susceptibles. Y dentro de estas reacciones adversas no tóxicas, nos encontramos con las que son causadas por un mecanismo inmunológico: alergias alimentarias, (fundamentalmente, se consideran aquellas que producen un tipo de respuesta inmunitaria inmediata

¿Qué es la alergia alimentaria?

En realidad, solo el 2% de adultos y entre el 3% y 7% de niños padecen alergias alimentarias, según la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN). Como cualquier otro tipo de alergia, las alergias alimentarias están causadas por una reacción del sistema inmune frente a un alérgeno que entra en contacto con el organismo. En este caso, el alergeno es una proteína presente en el alimento, que desencadena una reacción inmunológica desproporcionada en las personas especialmente sensibles cuando lo ingieren.

Entre los alimentos que con mayor frecuencia pueden provocar alergia, se encuentra la leche de vaca, el pescado y los mariscos, los huevos, algunas frutas y verduras, determinados frutos secos y varias legumbres y cereales.

Los síntomas más habituales de una alergia alimentaria pueden ser cutáneos -urticaria, prurito, inflamación de los labios y párpados, conjuntivitis, dermatitis atópica…-, gastrointestinales -vómitos, náuseas, dolor abdominal, diarrea, picor en la boca y la garganta- o respiratorios -rinitis, inflamación de la nariz y garganta, dificultades para respirar y/o respiración sibilante (con “pitos”), tos, asma…-.

En el peor de los casos, puede producirse un cuadro de anafilaxia, una reacción alérgica generalizada que afecta a dos o más órganos del organismo. Suele presentarse de manera súbita y en su manifestación más grave, llamada shock anafiláctico, puede llegar a causar la muerte. Esto sucede cuando también se ve afectado el sistema cardiovascular y se produce una bajada importante de la tensión arterial.

Aunque los síntomas pueden aliviarse con antihistamínicos o corticoides, no existen tratamientos específicos para la alergia alimentaria. Por ello, lo más conveniente es prevenirla eliminando de la dieta los alimentos que desencadenan la reacción inmune.

La persona que sufre este problema ha de tomar también la precaución de llevar consigo un autoinyector de adrenalina. Ello le permitirá reaccionar con rapidez en caso de una ingestión accidental que se torne grave.


¿Qué es la intolerancia alimentaria?

La mayor parte de las reacciones físicas a los alimentos están causadas por intolerancias, no por alergias. Como se explicaba al inicio, la intolerancia alimentaria es, como la alergia, una reacción adversa a un alimento, pero, en este caso, no se ha podido demostrar que  intervenga el sistema inmune como interviene en las alergias, sino que son otro tipo de mecanismos (metabólicos, farmacológicos o en algunos casos, indeterminados) los que desencadenan esa reacción.

Los síntomas cutáneos son más habituales en una alergia alimentaria.

Los síntomas son muy variados y dependen del tipo de intolerancia, aunque a menudo no son graves y se limitan a problemas digestivos. Por otra parte, la probabilidad de aparición de algunos síntomas y su intensidad tienen más relación con la cantidad que se ingiera de dichos alimentos.

La mayoría de las intolerancias alimentarias son metabólicas y están provocadas por el déficit de una enzima necesaria para digerir un alimento por completo. Este es el caso, por ejemplo, de la intolerancia a la lactosa -que se origina cuando el cuerpo no produce la suficiente cantidad de lactasa-, a la fructosa o a la galactosa. Las intolerancias farmacológicas se deben, por el contrario, a la presencia de unas sustancias (llamadas aminas vasoactivas) que se encuentran presentes de forma natural en algunos alimentos.

Las intolerancias también pueden estar causadas por sensibilidad a aditivos alimentarios, por afecciones como el síndrome del intestino irritable, el estrés excesivo u otros factores psicológicos. Por ejemplo, la enfermedad celiaca es otro ejemplo de intolerancia, aunque en esta interviene una respuesta inmune tardía, diferente a la que se encuentra en las alergias alimentarias que hemos mencionado.

Por otra parte, las personas con intolerancia alimentaria sí pueden ingerir, por normal general, pequeñas cantidades de los alimentos que no toleran sin problemas, aunque esta cantidad cambia de persona a persona.

Con el fin de prevenir los síntomas, es necesario acudir al médico para que indique qué medidas y hábitos pueden contribuir a una mejor digestión de los alimentos problemáticos o, en su caso, para que trate la afección que provoca la intolerancia.

En conclusión, ¿en qué se diferencian alergias e intolerancias alimentarias?

Como hemos visto, alergias e intolerancias alimentarias son reacciones adversas no tóxicas a determinados alimentos y, en ambos casos, se debe evitar su consumo. Sin embargo, la mayoría de personas con intolerancia pueden a veces ingerir pequeñas cantidades del alimento problemático sin sufrir síntomas, lo que resulta imposible para los alérgicos.

En segundo lugar, en las intolerancias -salvo en el caso de la celiaquía, en la que se produce una reacción inmunológica tardía, por mecanismos diferentes a los mencionados para el resto de alergias alimentarias-, no se produce respuesta inmunológica. Normalmente, tienen carácter metabólico y están causadas por el déficit o la falta de actividad de una enzima necesaria para digerir el alimento en cuestión. En cambio, en las alergias, sí interviene el sistema inmune, que reacciona frente al contacto con una proteína presente en ese alimento.

Por ello, quienes sufren alergias alimentarias corren el riesgo de sufrir una reacción anafiláctica, que podría causar la muerte, posibilidad que no existe en caso de intolerancia. Por este motivo, es muy importante consultar al médico para que determine si los síntomas que provocan la ingesta de determinados alimentos son consecuencia de una alergia o de una intolerancia alimentaria.


Fuentes