La piel, además de ser el mayor órgano del cuerpo humano, actúa como primera línea de defensa física e inmunitaria. Esta capa es también un ecosistema complejo y dinámico, habitado por multitud de organismos como bacterias, hongos y virus. Ahora, un grupo de investigadores del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas en Bethesda ha descrito el modo en que la microbiota de la piel induce la respuesta del sistema inmunitario ante una herida, hecho que favorece su curación. La revista Cell publica el trabajo.

Los resultados del equipo, liderado por Yasmine Belkaid, demuestran la existencia de un diálogo entre las bacterias Staphylococcus epidermidis, presentes de forma natural en la piel humana, y un tipo específico de células inmunitarias, los linfocitos T CD8+. En concreto, la microbiota es capaz de atraer y activar estas células mediante moléculas no clásicas del conjunto de proteínas conocido como complejo mayor de histocompatibilidad de clase I. Además, los científicos estudiaron el perfil de expresión génica de estos linfocitos inducidos por los microorganismos. El análisis reveló un aumento de los niveles de aquellos genes involucrados en procesos de regeneración tisular.

Para los investigadores este hallazgo indica que los linfocitos, además de defender al organismo ante una agresión, también podían promover el proceso de curación. Experimentos realizados en ratones adultos confirmaron su hipótesis, pues las células T CD8+ se acumularon en el borde de una herida practicada en la oreja de los roedores. Allí, los linfocitos activaron la proliferación de los queratinocitos, células secretoras de la proteína queratina cuya acción estimula el crecimiento del tejido epitelial. En consecuencia, el tiempo de cicatrización fue menor.

Así pues, los datos obtenidos en esta investigación sugieren que la microbiota y las bacterias patógenas inducen distintos mecanismos de activación del sistema inmunitario.

Una mayor comprensión del papel de ciertos microbios en los procesos de inmunidad podría contribuir al desarrollo de nuevos métodos de regeneración de tejidos. Actualmente, este es un desafió fundamental en medicina, ya que las estrategias disponibles para tratar heridas producidas por traumatismos, intervenciones quirúrgicas o enfermedades no siempre son eficaces. Si en un futuro, los resultados obtenidos en este estudio se confirman en humanos, ello podría suponer un gran avance.

 

Referencia: «Non-classical immunity controls microbiota impact on skin immunity and tissue repair», de J. L. Linehan et al. en Cell, 172, 1-13, 8 de febrero de 2018.

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