Omega 5, un antioxidante de efecto neuroprotector

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Temblor en las manos, lentitud en la movilidad, rigidez, pérdida de la estabilidad en la marcha, son algunos de los síntomas motores típicos de la enfermedad de Parkinson.

Se trata de una enfermedad neurodegenerativa, crónica y progresiva. Lo que se sabe es que los síntomas motores del Parkinson son resultado de la degeneración y muerte del 75% o más de las neuronas dopaminérgicas que se encuentran en una zona específica del cerebro llamada sustancia negra.

Su evolución es diferente en los pacientes que la padecen, pero debido a que la detección de los síntomas suele ser alrededor de los 50 o 60 años de edad se le ha considerado una enfermedad del envejecimiento.

Sin embargo, investigaciones recientes indican que la degeneración neuronal tiene lugar en un plazo de 25 a 30 años aproximadamente. Significa que empezó cuando la persona tenía alrededor de 25 años. Esto lleva a algunos estudiosos del cerebro a sugerir que el Parkinson no es un problema del envejecimiento, sino más bien de maduración.

Un modelo experimental de Parkinson

Una de las grandes incógnitas es qué condiciones marcan el comienzo de la enfermedad. Para averiguarlo, se utilizan distintos enfoques de investigación.

Los doctores Gabriel Gutiérrez Ospina, Margarita Gómez Chavarín, del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM, y su equipo parten de que el Parkinson es una enfermedad de la maduración y de tipo ambiental. “Las causas genéticas son débiles; entonces lo que queda pensar es que el ambiente tiene mucho ver.”

Estar expuesto a sustancias tóxicas, por ejemplo. “Sabemos por estudios epidemiológicos que metales pesados, insecticidas y herbicidas, son capaces de inducir la enfermedad de Parkinson.”

Uno de ellos es la rotenona, un pesticida que agricultores de nuestro país siguen utilizando a pesar de estar prohibido aquí y en otros países por su toxicidad.

“Es un tóxico que afecta al cuerpo en general, pero particularmente afecta a las neuronas de la sustancia negra en el cerebro”, refiere Ospina, quien ha encontrado este efecto en modelos animales.

“Cuando inyectamos rotenona a una rata, lo que observamos es que las células de la sustancia negra degeneran y pierden completamente su función, están muriendo.” El resultado es que la rata genera una especie de parkinsonismo, es decir, una coordinación motriz incorrecta; cuando se le coloca en una viga para que trepe, se cae o tarda en recorrerla. La pérdida de neuronas dopaminérgicas en los animales expuestos a la rotenona ocurre en alrededor de un mes.

Este tóxico llega a la mitocondria y rompe el transporte de electrones en las neuronas, ocasionando una deficiencia que termina en la muerte de las células cerebrales.

El segundo paso de la investigación fue evaluar si el Omega 5, un compuesto de efecto antioxidante, era capaz de proteger al sistema nervioso de toxinas ambientales inductoras de Parkinson, en este caso, la rotenona.

Acción del Omega 5

Estudios previos con Omega 5, extraído del aceite de la semilla de granada, indican su efecto antioxidante en el organismo. Dicho efecto aumenta cuando el compuesto es una nanoemulsión, es decir, sometido a un proceso nanocientífico.

El Omega 5 nanoemulsificado es resultado del trabajo de los doctores Ruth Gabizón y Shlomo Magdassi, de la Universidad Hebrea de Jerusalén. En México, se vende encapsulado como suplemento alimenticio.

Con este antecedente, el doctor Gutiérrez Ospina y sus colaboradores evaluaron en laboratorio el efecto neuroprotector del compuesto en animales, unos antes de ser expuestos a la rotenona y otros durante la exposición al tóxico. Estos animales no desarrollaron problemas de equilibrio, ni síntomas de Parkinson.

En el grupo de animales a los que no se les administró el Omega 5 ni antes ni durante la exposición al pesticida, sino ya con los síntomas de parkinsonismo, el efecto fue mínimo, lo que llevó a la conclusión de que el antioxidante no tiene efecto como posible tratamiento para la enfermedad.

El estudio muestra la acción neuroprotectora del compuesto. Algo relevante, dice el investigador, porque se podría tratar de incidir en la población expuesta desde edades tempranas.

Hasta el momento, la ciencia ha situado el origen de las enfermedades neurodegenerativas en el daño neuronal. Pero hay algunos  datos que indican que esto no pudiera ser así —precisa— sino que el origen en las primeras etapas pudiera ser en el cuerpo, que hay un transporte de proteínas tóxicas  a través de los nervios periféricos hacia el sistema nervioso central que lo lesionan.

“Esto nos lleva a pensar que si el cuerpo fuera el origen de la neurodegeneración 50 años después, los tratamientos y las medidas de neuroprotección deberán considerar que el origen es corporal, por eso el Omega 5 es importante”, concluyó Gutiérrez Ospina en conferencia de prensa; también asistieron Mauricio Veloso, gerente general de la empresa Biolife y Juan Cortés Coronel, presidente de la Sociedad Mexicana del Parkinson.