Definitivamente, el mayor culpable del aumento del sarampión es el movimiento antivacunas

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El sarampión es una enfermedad que ha resurgido de sus cenizas. Un equipo de investigadores de Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos estudió 1.789 casos de contagio entre 2001 y 2015, y encontró un dato muy esclarecedor: de los que contrajeron la enfermedad, casi el 70% no habían sido vacunados. Los resultados se han publicado en The JAMA Network.

El movimiento antivacunas se hace cada vez mayor, en parte, debido al deshonesto trabajo realizado por el ex médico desacreditado Andrew Wakefield en 1998 que, con resultados deliberadamente falsificados, afirmó que existía un vínculo entre las vacunas y el autismo. Aunque todas las investigaciones posteriores han demostrado la falsedad de Wakefield, su mensaje ha quedado grabado a fuego en quienes buscan un refrendo a su peligrosa decisión de no vacunar a sus hijos ante importantes enfermedades como sarampión, paperas o rubéola.

Aunque según este nuevo estudio la incidencia del sarampión en los Estados Unidos es relativamente baja en comparación con la tasa mundial de 40 casos por millón de personas al año, los expertos revelan que la tasa de crecimiento se ha duplicado, pasando de 0,28 casos por millón de personas en 2001, a 0,56 casos por millón en 2015. De los casos examinados, 1.243 no estaban vacunados (lo que supone un masivo 69.5%), y otro 17,75% tenía un estado de vacunación desconocido, aseguran. Además, la enfermedad es grave y el segmento más vulnerable de la población son los lactantes y niños pequeños no vacunados, que corren mayor riesgo de sufrir complicaciones fatales. Los investigadores encontraron que la incidencia de sarampión disminuye con la edad, lo que destaca la importancia de proteger a los niños pequeños.

Aunque las personas vacunadas pueden contraer sarampión, la investigación del CDC sugiere que la vacunación reduce drásticamente el riesgo. “La disminución de la incidencia con la edad, la alta proporción de casos no vacunados y la disminución de la proporción de casos vacunados a pesar de los aumentos de la tasa sugieren que la falta de vacunación, más que el fracaso de la vacuna, puede ser el principal causante de la transmisión del sarampión”, afirman. Y pese a que reconocen dificultades a la hora de verificar la información de vacunación para los casos de adultos, no es la primera vez que el fracaso en vacunar se ha relacionado con brotes de sarampión. Los modelos anteriores sugieren que la falta de protección puede tener efectos negativos en la comunidad en general, lo que no sólo significa brotes, sino la carga en los hospitales y el coste sanitario que se deriva de ella.

Un artículo publicado en julio en JAMA Pediatric ya advertía de que con solo un puñado de estos antivacunas se podían triplicar las tasas de contagio de sarampión. Una pequeña disminución en los niveles de vacunación en la infancia puede producir efectos negativos desproporcionados tanto para la salud pública como para la economía. Por otro lado, según un trabajo publicado en el Boletín de la Organización Mundial de la Salud (OMS) a principios de septiembre, para el año 2020, los programas de vacunación habrán salvado 20 millones de vidas en los países más pobres del mundo. Además, aseguran que los programas de inmunización masiva no solo son un antídoto contra la muerte prematura, sino que demuestran que son una herramienta eficaz para ahorrar en los costes de atención de salud en áreas del mundo donde se sufren más dificultades económicas.

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